El control de esfínteres es el periodo de
tiempo durante el cual el niño/-a entre los 2 y 3 años aproximadamente,
adquiere una serie de aprendizajes, hábitos y autonomía, con los que, a la par
de su madurez fisiológica, le servirán para empezar a controlar conscientemente
sus esfínteres.
Con esta definición se mencionan varios
puntos clave: aprendizaje, hábitos, autonomía y madurez fisiológica. El control
de esfínteres no aparece un día o semana clave donde el niño o nosotros
decidimos que ya es mayor y basta con sentarlo en el váter para que ocurra.
Debería haber un aprendizaje y una preparación previa. Pero ¿cuándo es el mejor momento para
empezar?. Nadie mejor que sus padres para conocer cuándo su hijo está preparado
para empezar a probar la experiencia. Y recalco: empezar a probar la experiencia.
Los padres sufren mucha presión, por parte de
familia, pediatras, expertos en el tema, amigos con hijos que ya lo han
conseguido, incluso prematuramente, el paso al colegio…para que sus hijos dejen
atrás el pañal. Es difícil ignorar tal cantidad de experiencias e información y
pararse a observar a su hijo y preguntarse si realmente está preparado para
ello.

Como vemos, no es solo cuestión de quitar el
pañal un día y empezar a sentar al niño en el váter. Como decía, saber cuál es
el mejor momento para empezar es cuestión de observar a su hijo. Lo primero de
todo es que el niño esté llegando a cierta madurez fisiológica, es decir que el
sistema nervioso del niño ya esté madurando para “conectar” la sensación de
bufeta o colon lleno con la parte del cerebro donde se haya la conciencia.
Será inútil, por tanto, que aunque un niño
tenga los 2 años, pero no esta madurez fisiológica, intentemos que tome
conciencia de su pipi o caca antes de hacérsela encima.
También tendremos en cuenta que puede existir
una madurez fisiológica pero emocionalmente el niño no está preparado. Por
ejemplo, el nacimiento de un hermano, un cambio de casa, el inicio de la
escuela, algún problema o tensión familiar, ansiedades por parte de la madre o
padre, estilo educativo, miedos y bloqueos, etc…
¿Cómo saber si ha llegado a esta madurez?. A
veces, los propios niños muestran interés por el váter o simple curiosidad por
ver que hacen papá y mamá, algún hermano. Aprovechemos esos momentos para
averiguar si empieza a estar preparado e
introduzcamos el tema y la experiencia como un juego y siempre con refuerzo
verbal positivo. Nunca obligar a sentarse o acercarse a un niño que presenta
miedo al váter. Si esto persiste, intentar con el orinal.
Es cuestión de gustos, empezar directamente
con el váter o con el orinal. Si quiere saber mi opinión, yo prefiero el váter
desde el principio aunque también he utilizado el orinal en casos de niños que
se niegan en rotundo a subirse al váter.
Una cosa ha de quedar clara, todo el aprendizaje
previo, se hará cuando el niño aún lleva el pañal. En ningún caso recomiendo
quitar el pañal de un día para otro, sin haber hecho un aprendizaje previo. Más
adelante explicaré los motivos.
Como decía, podemos enseñarle el váter, ver
cómo funcionan las tapas, qué hay en el agujero, para que sirve el botón, el
papel. En definitiva, explicarle al niño, con un lenguaje apropiado para su
edad, para qué sirve. A los 2 años, los niños entienden perfectamente órdenes y
reglas sencillas (No se tiran los juguetes al váter, no tires más veces de la
cadena, no cojas más papel, etc…). Es importante que aunque se introduzca como
un juego, como toda experiencia, hay unas normas y reglas que se han de
aprender y cumplir (poco a poco). Y por tanto hemos de explicárselas al niño,
las veces que haga falta y mejor antes de que ocurra (no como advertencia, sino
como explicación). Si vuelve a cometer un error, explicarlo otra vez. En
general, en cualquier aprendizaje del niño de estas edades, debemos explicar
previamente, con un lenguaje apropiado, qué va a ocurrir, qué esperamos de él y
que ocurrirá si lo hace bien (por ejemplo: ahora vamos a comprar el pan pero
sin cochecito. Vamos andando y cogidos de la mano, ¿cómo me coges de la mano?,
¡muy bien!).
Todo debe girar en un entorno de juego y
momento sin tensiones, ni presiones. Es muy útil ir utilizando cuentos
ilustrados donde muestran una historia sobre dejar el pañal. También jugar con
las muñecas y mostrarle el proceso y dejar que lo ponga en práctica.
Pensemos que cualquier experiencia negativa
en el contexto del váter puede ser suficiente para negarse o cortar un proceso
de control de esfínteres.
Puede que el niño muestre un interés directo
y nos ahorremos las explicaciones. En cualquier caso, sentar al niño de manera
que se sienta muy seguro, cogiéndolo en todo momento y poco a poco enseñándole
cómo ha de agarrarse para que no se caiga. Siempre estaremos con él, con una
sonrisa y felicitándole por sus grandes logros. Porque eso son realmente.
Mientras esté sentado podemos ir hablándole
sobre el pipi o la caca (¿sale el pipi?, ¿cómo aprietas tú?...),
gesticulamos como se aprieta. Esperamos
un tiempo prudencial (ni 2 minutos, ni 10). Muchos niños se sientan y se
levantan directamente. No obliguemos pero expliquémosle que debemos esperar un
poquito a ver si sale.
Lo más probable es que el pipi (que suele ser
lo primero que se controla) no salga. De hecho puede pasar un tiempo hasta que,
repitiendo este “juego”, salga de manera accidental (aunque sean 2 gotitas).
Será el momento para la gran FIESTA: abrazos, besos, felicitaciones, avisar a
papa para que venga a verlo. Evitar compensarlo de manera material. A esta edad
el cariño y los besos son los mejores regalos y la manera más directa y
espontánea de felicitarlo y recordarle lo maravilloso que es y lo mucho que le
queremos.
Hasta que las “2 gotitas caigan” pueden pasar
días o semanas, incluso algún mes. Puede que hayamos empezado algo pronto, pero
no se puede desaprovechar el interés del niño. Hay niños que aprenden el ritual,
incluso lo hacen todo solitos y no cae ni una gota. Insistamos con el refuerzo
positivo y sirve de mucha ayuda que pueda sentarse con otros niños (como en el
cole) y vean los pipis y la cacas de los demás y lo que ocurre cuando eso pasa.
Algún día ocurrirá, eso seguro!.
Mientras se siga sentando sin que salga pipi,
ahí estaremos felicitándole y animándole. Al acabar, ayudarle a bajar y volver
a ponerle el pañal.
Poco a poco iremos incrementado las visitas
al váter. Podemos paralelamente ir introduciendo el tema de la caca. Es muy
útil para el niño, cuando se ha hecho caca en el pañal, junto a él, tirar la
caca al váter. Él tirará de la cadena y empezará a comprender donde debe ir la
caca.
Aprovechemos si identificamos los momentos en
que el niño va a hacer caca o está poniendo cara de apretar. Sin obligarle, le
preguntamos si está haciendo caca y si vamos a hacerla al váter. Es probable
que al llegar ya haya salido, tirarla al váter y felicitarlo. Si está saliendo,
ayudamos al niño o lo sentamos en el váter y si aún no ha salido, le damos más
tiempo que con el pipi. Imitamos que se aprieta para que salga.
El control de la caca es más difícil y en la
mayoría de ocasiones el pañal ya se ha quitado cuando aún no se ha acabado de
controlar la caca. No recomiendo mantener el pañal demasiado tiempo si el niño
ya controla perfectamente el pipi desde hace meses y la caca no. Nos quedará la ardua tarea de
limpiar cacas en ropa interior y pantalones.
Si el control de pipi y caca parece que van a
la par, recomiendo esperar a que empiece a controlarlos (y digo empiece), para
quitar el pañal. No hay que esperar al control perfecto para retirar el pañal.
Seamos conscientes de que se trata de un aprendizaje con ensayos y errores y
que por lo tanto durante un tiempo limpiaremos pipis y cacas en la ropa
interior.
Puede ser muy frustraste para el niño, que
empiecen a pasar los meses sin pañal y no consigue controlar la caca. Muchos
meses haciéndose la caca encima no es demasiado bueno para la autoestima del
niño. Tarde o temprano acaba captando nuestras muestras de desagrado, fastidio
y enfado, si esta situación se alarga mucho.
Si decidimos aún así, esperar a que lo
consiga, debemos evitar malas caras y enfado, aunque evidentemente no le
haremos fiesta ni felicitaciones cuando se haga la caca encima. La limpiaremos
y le explicaremos cómo debe hacerlo (vamos al váter, se sienta, se tira la caca
si se puede, se tira de la cadena, etc… y felicitarle por estas acciones
concretas). Si es un niño muy maduro, nos puede ayudar en todo el proceso de
limpiar (le damos toallitas si ha manchado el suelo, le damos una bolsa para
meter la ropa manchada, o que nos ayude a limpiarse él mismo. Siempre sin
obligarle, invitándole y recordándole qué lo está haciendo bien). No se trata
de un castigo sino de ver que ocurre cuando la caca se hace encima, se mancha y
hay que limpiarla, eso es todo.
Si decidimos volver a ponerle el pañal (esto
solo lo recomiendo en casos de muchos meses haciéndose la caca encima), lo
haremos con convicción y sin duda. Existen muchas presiones sobre que nunca
debe volverse atrás en estos casos y volver a poner el pañal. Pero, cuando ya
está en juego la autoestima del propio niño, hay que valorar que es mejor para
él. No dejar que las presiones y las opiniones de otros nos afecten y nos
invada la ansiedad, porque el niño lo capta todo de una manera u otra. Si lo
está pasando mal, es mejor volver al pañal. Tarde o temprano lo conseguirá. Si
el niño se niega en rotundo a ponerse el pañal, esperaremos.
En resumen, veremos si el niño está preparado
o no, gracias al aprendizaje y al juego previo de enseñarle a ir al váter. Esto
se puede empezar a partir de los 2 años, pero recuerde sin quitarle el pañal.
El pañal se retira cuando el niño ha empezado a controlar. Antes de los 2 años,
no nos lo plantearemos a no ser que el niño muestre un especial interés y al
probarlo haga pipi.
¿Hay una época del año mejor que otra?. No.
Hay la comodidad de los padres por limpiar y quitar más o menos ropa. La mejor
época es cuando el niño está preparado y muestra interés, ya sea en plena
navidad o mes de agosto.
Muchos padres empiezan en verano antes de
cumplir los 2 o los 3 y el niño se presenta en el cole sin pañal y sin ningún
tipo de control de esfínter. Si durante el verano, realmente ha visto a su hijo
preparado y éste ha mostrado interés, es el momento, pero no lo haga porque
crea que así cuando empiece el cole ya irá sin pañal.
Este proceso es un trabajo que se ha de
empezar desde casa y si tenemos dudas, es mejor hablar con la educadora. No
debemos esperar a que sea el cole quien empiece el proceso. Este tipo de
decisiones las toma la familia, aunque las educadoras puedan echarnos una mano.
Tengamos en cuenta que también es todo un
aprendizaje para nosotros, los adultos y también cometeremos errores. Lo
importante es que aunque es un momento importante para la vida del niño, no
debemos girar nuestras vidas entorno a ese tema y más aún si no se consigue o
se retrocede. Lo importante es tener en cuenta que a partir de estas edades la
autoestima y el autoconcepto del niño empieza a formarse gracias a lo que
recibe de su entorno. Y en un primer proceso donde se producirán tantos
errores, es importante que siempre estemos ahí para recordar y recalcar sus
éxitos y apoyarle cuando no lo consiga. El niño debe percibir que lo que hace
bien, por pequeño que sea, lo hace muy bien. Recordemos que gestos
aparentemente sin importancia para nosotros, para ellos son grandes retos (por
ejemplo no le felicitamos el día que solo ha tirado 1 vez de la cadena porque
es lo que llevamos diciéndole tanto tiempo y es lo que debe hacer. ¡Error!. La
observación de cualquier conducta positiva y constructiva para felicitarle y el
apoyo con la explicación o la rectificación cuando cometa errores son la clave
para que el niño se sienta querido, seguro y construya un concepto de sí mismo
sano y equilibrado.
Mª Carmen Pedrosa Barrios
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